Mientras tanto

Dark red abstract shapes with layered textures and rough surfaces

La mayor parte de la vida no ocurre cuando creemos que ocurre. Ocurre mientras esperamos. En la cola del supermercado, en una sala de espera, detenidos en un atasco o mirando el reloj en una reunión que parece no terminar nunca. Durante años pensamos que ese tiempo no cuenta, que la vida empezará después. Y sin embargo es ahí donde se va quedando, como tiempo que no volverá.

Doce kilómetros

Monumento a los maquis. Santa Cruz de Moya.

Muchos de los guardias civiles destinados a aquellos montes venían de la misma pobreza que los hombres a los que perseguían. No hacía las historias más justas, pero sí menos limpias. Aun así, en aquellos montes el miedo no había sido igual para todos, y eso también lo sabíamos. Algunos tuvieron que esconderse; otros no.

La mentira tiene las patas largas

Woman sleeping on a red-covered sofa with cushions and blankets

Mi abuela de Casas Bajas decía que la vida era una mentira. Tardé muchos años en entender que no hablaba de engaño, sino de estructura: de la forma que adopta el mundo cuando necesita seguir funcionando. Durante años creí que la verdad terminaría imponiéndose. Aunque no fuera por justicia, pensaba que lo haría por desgaste. Hoy ya no lo creo. He visto cómo una mentira bien situada no solo sobrevive: asciende y se institucionaliza.

La prisa por opinar

La prisa por opinar, en papel

La conversación pública se ha acelerado hasta el punto de confundir rapidez con razón y posición con pensamiento. Hace siglos, Baltasar Gracián ya advirtió algo parecido. Aconsejaba hablar “como en testamento”, porque la palabra, una vez dicha, ya no vuelve. No era una recomendación moral, sino una observación práctica: cuando la palabra se precipita, el pensamiento queda detrás.

Vigilar sin sentido

Person in winter clothing standing beside railway tracks under dark clouds

Hubo un tiempo —2004, tras los atentados del 11-M— en el que mi trabajo consistía en vigilar unas vías de tren: a veces en el eje Zaragoza-Calatayud, otras en el tramo Córdoba-Adamuz. No intervenir en ellas, no transformarlas, no decidir nada. Solo comprobar que seguían ahí, intactas, como si la atención sostenida pudiera, por sí sola, alterar el curso de lo imprevisible. Era oficial y estaba al frente de una pequeña unidad, pero la tarea tenía algo de inmóvil, de automatismo, de repetición nocturna sin progreso visible: bajar del vehículo, recorrer unos metros, hacer la misma pregunta “¿todo bien?”, recibir la misma respuesta “sin novedad”, volver a subir.

Vigilar las vías

Train dispatcher in uniform inside control booth watching trains on tracks

Tras el accidente ferroviario ocurrido en Adamuz el pasado domingo, he vuelto a una experiencia que creía cerrada. En 2004, después del 11-M, fui enviado como oficial al frente de una unidad encargada de vigilar infraestructuras ferroviarias en el eje Córdoba-Adamuz.

Elogio de la indiferencia

Woman sitting alone in an empty ornate theater with stage and sign reading ELOGIO DE LA INDIFERENCIA

Renunciar no siempre es perder: a veces es vencer sin ruido. Apartarse no es huir, sino salir del radio de lo que nos reclama sin legitimidad. Solo entonces dejamos de movernos como criaturas sobresaltadas por alarmas ajenas, y empezamos a existir con otra gravedad: la de quien se sabe mortal y, precisamente por eso, ha aprendido que casi nada merece ser vivido con urgencia. Como resume mi hermano Paco, sin filosofía ni consuelo: «Tranquilo, del cementerio no pasas».