La Ademuz de la autovía

Casas Bajas, Rincón de Ademuz. Marcha motorizada del Ejército español en junio de 2006.

Hay lugares que figuran en los carteles, pero no en los planes. El Rincón no perdió una batalla grandiosa. Perdió algo más discreto y más antiguo: la posibilidad de figurar. Desde entonces pienso que algunos lugares viven una doble vida: una en la carretera y otra en la tierra. La Ademuz de la autovía era una dirección. La del Rincón era otra cosa: una comarca apartada, una escala distinta, un lugar difícil de llevar a los planes. No fue una gran derrota, pero tampoco fue nada.

La vida intermitente

Casas Bajas, al fondo. Rincón de Ademuz.

Un pueblo no se vacía de golpe. Primero falta una persiana abierta. Luego una silla en la puerta. Después una voz en la plaza. Al final llega la cifra, limpia y cruel: Casas Bajas, mi pueblo, tenía 286 habitantes en el padrón del año 2000; en el de 2025, apenas 158.

La escuela entró con corbata

Classroom desks cluttered with papers and school supplies illuminated by sunlight

No necesitamos una escuela que hable más bonito de sus dificultades. Necesitamos una escuela que vuelva a hacerse responsable de lo que sus alumnos entienden y de lo que no entienden. Porque enseñar no es producir documentos ni administrar vocabularios. Enseñar es aclarar. Ordenar. Dar herramientas. Nombrar bien. El problema no es que falten palabras. Sobran. Lo que falta, demasiadas veces, es verdad. Y cuando una escuela necesita demasiadas palabras para explicar que enseña, quizá ha empezado a dejar de enseñar.

Justicia en la memoria

Cuando el aire suave se amarga y las hojas caen, yo también suspiro y canto por amor, que me tiene preso. Quien no siente en su corazón ese dulce padecimiento está casi muerto. Una sola alegría venida de ella me mejora, y cuando se va, todo pierde valor y sentido. Ninguna otra cosa en el mundo vale para mí tanto como ella. Vivo pendiente de su gracia, que puede levantarme o hundirme.

Arturo Lozano Aguilar no fue simplemente un hombre culto de un pueblo pequeño ni un profesor estimado por quienes lo trataron. Una parte muy seria de su trayectoria estuvo dedicada al estudio del cine, de la memoria y de la representación del mal, y en particular a pensar el Holocausto, los campos de concentración y su traslación a la imagen.

El Palmar de Troya

El Palmar de Troya

¿Qué separa una liturgia venerable de una ridícula? A primera vista, el tiempo, la tradición, el prestigio. Pero no basta. El Palmar de Troya inquieta porque exagera hasta volver visible algo más antiguo y más incómodo: la obediencia al símbolo, al rito y al disfraz de la autoridad.