Hay lugares que figuran en los carteles, pero no en los planes. El Rincón no perdió una batalla grandiosa. Perdió algo más discreto y más antiguo: la posibilidad de figurar. Desde entonces pienso que algunos lugares viven una doble vida: una en la carretera y otra en la tierra. La Ademuz de la autovía era una dirección. La del Rincón era otra cosa: una comarca apartada, una escala distinta, un lugar difícil de llevar a los planes. No fue una gran derrota, pero tampoco fue nada.

