Voces del ocaso

Voces del ocaso, en Zenda Libros, imagen de una cruz sobre un cementerio

No sois vosotras, claras, altas voces las que os pasáis del sol que cae, es mi alma. El sol que cae, última estación del día. Voces que anuncian la noche. Ocasos donde la luz se despide para siempre. Letum non omnia finit, luridaque evictos effugit umbra rogos. (La muerte no acaba con todo, y una sombra pálida vence a la pira y sobrevive.) — Propercio, Elegías, IV, VII.

Lengua sin linaje

Foto de Lengua sin Linaje, en Zenda Libros. Reseña de Blas Valentín Moreno

Vivimos tiempos en los que la literatura se confunde con el producto editorial. Se premia la presencia, no la exigencia. Se alza al autor, no a la obra. Se aplaude el eco, no el trabajo. Como escribió Goytisolo, la censura ya no es ideológica ni religiosa: es comercial. Se ejerce desde los algoritmos, desde los catálogos, desde el ritmo de novedades que devora lo que no rinde. No hay inquisidores, pero sí programadores de tendencias.

A la tierra, con sangre

A la tierra te escribo - Ferran Garrido

Hay libros que parecen escritos con tinta. Y otros, como este, con sangre. Ferran Garrido titula su poemario con una invocación: A la tierra te escribo. Pero no se trata solo de un guiño a Miguel Hernández —aunque lo hay, y hondo—, sino de una manera de entender la poesía: como respuesta desde el subsuelo, como eco de lo enterrado. El verso no como ornamento, sino como trinchera. Como memoria encarnada.

La literatura que no entra en el temario

La literatura que no entra en el temario, texto de Blas Valentín Moreno en Zenda

No creo que la literatura salve. Pero deja marcas. Y en un sistema donde todo se mide y se pesa, las marcas que no se ven son las que más duran. Por eso sigo enseñando sin método. Sin programa emocional. Sin discurso de coaching. Sigo fallando, claro. Pero también sigo buscando ese instante en el que alguien deja de mirar el reloj y empieza, por un momento, a estar en otra parte. Quizá eso sea enseñar literatura: no enseñar nada. Solo preparar el terreno para que algo pase. Y cuando pasa, escribirlo ya no es una forma de contarlo. Es una forma de decir que estuvo vivo. Que sigue estando.

Mortal y Rosa, de Francisco Umbral

Francisco Umbral y su hijo Pincho. Mortal y Rosa

Uno cierra Mortal y rosa con algo roto. No con una idea, ni con una frase redonda, sino con una fisura. Como si Umbral no hubiera escrito para explicar su dolor, sino para no olvidarlo. Y eso —esa necesidad de no olvidar— lo convierte en un libro más vivo que muchos nacidos para durar. A veces pienso que escribir sobre nuestros hijos es también empezar a perderlos. Poner en palabras lo que sentimos por ellos es ya una forma de alejarlos. Pero no hacerlo sería peor. Sería negar que pasaron por nosotros como una ráfaga. Como un relámpago breve que, durante un instante, lo iluminó todo.

El irresponsable: La lucidez de desertar

Pedro García Olivo: El irresponsable. La lucidez de desertar

Pedro García Olivo nos deja en este eje un legado incómodo: pensar el cuerpo como terreno de combate. No como un concepto, sino como una vivencia cargada de consecuencias. En tiempos donde todo parece ceder al mercado de los cuidados, su texto grita otra cosa: “No queremos ser cuidados, queremos dejar de estar vigilados”. Leer a García Olivo no es una invitación al acuerdo. Es un salto sin red. Y a veces, también, una forma de reconocerse en la caída.