Cuentan que durante el incendio de Roma, Nerón tocaba la lira. Quizá no fue cierto. Pero la imagen perdura, y lo hace por una razón: ilustra la torpeza simbólica del poder cuando se desconecta del dolor común La historia no siempre castiga las decisiones erróneas. A menudo, lo que condena es el gesto, la escena, … Sigue leyendo El instante fuera de sitio
Los otros catalanes que fuimos
Cuando preparé mis oposiciones como docente de lengua castellana en Cataluña, diseñé una programación que tenía como norte la mirada de Paco Candel y su libro Els altres catalans. Dentro de ella, destaqué una unidad didáctica titulada Somos diferentes, somos iguales, inspirada en parte por aquella lectura. Esa propuesta me valió, en 2009, el único sobresaliente entre los cuatro tribunales de lengua castellana en Barcelona. Gracias a ello obtuve plaza de forma directa, sin haber pasado antes por la interinidad.
Correr entre tumbas
A veces basta un gesto para que todo se detenga. El otro día vi a mi hijo Blas —ocho años, rápido como la luz baja de la tarde— correr entre las tumbas del cementerio de mi pueblo, Casas Bajas, en el Rincón de Ademuz. Corría como quien no sabe aún que corre entre ausencias. Jugaba. … Sigue leyendo Correr entre tumbas
La habitación cerrada
Hay libros que no se leen por curiosidad, sino por instinto. No se busca en ellos una historia, sino un eco. La habitación de las niñas, de Pablo Escudero Abenza —ganadora del XXIX Premio de Novela Negra Ciudad de Getafe—, no es tanto una novela negra como una novela herida. No se construye con pistas, sino con silencios.
El valle que no se vuelve a pisar (a propósito de El camino, de Miguel Delibes)
El camino es, en realidad, una parábola sobre el precio de crecer. Daniel se va porque tiene que irse, como todos; porque el tiempo no se detiene, ni aunque uno se aferre a los muros del corral o al sonido del río al anochecer. Marcharse no es una traición, pero tampoco un triunfo: es la ley de la vida, que nos obliga a elegir entre el arraigo y el horizonte o, en otras palabras, entre la esencia y la inevitabilidad del cambio.
Las albadas: literatura en voz alta
Albada procede del latín albāta, emparentada con albus (“blanco”) y albāre (“blanquear”); alborada, de albor, “luz del alba”. Ambas comparten una misma raíz simbólica: el amanecer. En la poesía culta medieval, la alborada o alba fue el canto de los amantes que se despedían al amanecer; en la tradición popular, la albada se transformó en un canto colectivo de madrugada —de boda, de ronda o de Nochebuena— donde lo amoroso cedió paso a lo comunitario.
Parada militar
Sonó el redoble y la marcha se impuso como una ley antigua.La compañía entró por un lateral de la explanada. El paso, cadencioso, iba clavando el suelo al ritmo del pasodoble. Izquierda. Derecha. Izquierda. Derecha. Un solo cuerpo, muchos pies.
Réquiem por un campesino español: Un funeral interminable
En las páginas de Sender, el campesino muere en nombre de unas ideas; en nuestra memoria reciente, el campesinado fue desapareciendo, arrinconado por las máquinas, las ciudades y el abandono. Y sin idealizar aquella vida dura y precaria, lo cierto es que con su marcha se apagó también un mundo de vínculos, de ritmos y de memoria que no hemos sabido reemplazar.
La zona gris en la que respiramos
Arendt nos enseñó que el mal puede ser administrado por gentes corrientes que hablan con consignas y cumplen órdenes con escrúpulo de funcionario; Levi nos obligó a reconocer que entre la inocencia y el crimen hay franjas de penumbra donde la libertad no desaparece, pero se encoge.
El filo de la vida: Karl Jaspers y las situaciones límite
Hay momentos en que la vida se quiebra de golpe: una enfermedad incurable, un accidente que arranca una vida joven, una pérdida que convierte el hogar en doloroso vacío. Karl Jaspers llamó a estos choques situaciones límite (Grenzsituationen): experiencias ante las que no podemos huir ni “arreglar” nada, que nos quitan la ilusión de control y nos colocan frente a lo esencial. En ese punto, dedicar energía a negar lo que ocurre solo multiplica el sufrimiento; lo que queda —si algo queda— es asumir el límite y afrontarlo con lucidez: no como repliegue interior, sino como una existencia más atenta, abierta al otro y a la trascendencia que Jaspers entendía en sentido filosófico, no confesional.









