Antonio Gala decía que lo más inteligente que se puede hacer en esta vida es desencadenarse: salirse del laberinto de la obediencia diaria, de esa organización que necesita esclavos para sostenerse. Salirse de esta cadena que nos consume. A riesgo de la soledad y de la falta de comprensión… pero también con la recompensa de darle a cada día su propio afán, su propio color, lejos del gris de la obediencia. Porque si la inteligencia no nos ayuda a vivir, ¿para qué sirve?
Cuando el ‘estoy bien’ es una armadura
Si alguien que lee estas líneas atraviesa un momento de desesperanza, que sepa que no está solo. En España existen recursos de ayuda inmediatos: el teléfono 024 de atención a la conducta suicida, disponible las 24 horas; el 112 en casos de urgencia; y el Teléfono de la Esperanza (717 003 717). Llamar puede parecer poco. Pero puede ser todo.
La segadora del tiempo
Madrugada de verano. Carro y mulo, hoz y paciencia: la misma coreografía repetida durante siglos. Pero aquella vez, en medio del compás de las hoces —las corbellas, como se llamaban en mi tierra—, irrumpió un ruido extraño desde el camino. Una segadora entró en el bancal y devoró en minutos lo que a mano habría costado un día entero.
La amistad se mide menos en los cafés compartidos que en las tormentas atravesadas
En la calma, la amistad se abarata. Se alimenta de cafés, de sonrisas, de complicidades ligeras. Todos parecemos buenos compañeros cuando no pasa nada. Pero basta una tormenta para que se despeje la niebla: entonces se ve qué queda en pie y qué se derrumba. Hay amistades que eran solo compañía de ocasión, afectos de buen tiempo. Cuando la soga aprieta, la primera tentación es soltar lastre, aunque ese lastre tenga nombre y rostro de amigo.
Don Julián o el poder corrosivo de la literatura
Goytisolo no es un autor de culto: es un autor de combate. Difícil. De mirada torva. Y si regreso ahora a Reivindicación del conde don Julián, no es para desenterrar un clásico radical, sino para preguntarme si todavía es posible escribir como él: a dentelladas, contra la patria, la lengua, el mito.
Donde arde lo que no muere
El arte verdadero no necesita celebraciones masivas ni aplausos efímeros. Su llama no se apaga porque arde en otro plano: el de la vida que entiende la muerte, el de la belleza que no busca halago, el de los ramajes secos que esperan la chispa para arder.
El Diario de Teruel recoge la presentación de Mientras el río fluye
Juventud con títulos, pero sin futuro
La juventud de hoy no fracasa por falta de títulos ni de esfuerzo, sino porque el sistema les ofrece un guion sin desenlace. Estudian, trabajan, esperan… y al final solo encuentran contratos temporales, alquileres imposibles y un futuro que siempre se aplaza. El resultado es una generación que vive en suspensión: preparada y titulada para aspirar a más, pero condenada a menos. El talento se exprime, se desgasta y se descarta.
El único que siempre gana
Fue una mujer de hierro, como el filo de la corbella que sostenía en sus manos, capaz de doblar jornadas, segar y partirse el lomo sin quejarse. Hoy apenas sostiene un vaso de agua. La que caminaba los bancales cuesta arriba cargando haces de mies, ahora arrastra los pies por el pequeño comedor, como si cada baldosa fuera un obstáculo insalvable. El suelo que antes vencía con firmeza hoy la humilla. Cada movimiento es una negociación fallida con sus huesos.
La otra orilla
La acequia del pueblo bajaba con fuerza en la cuesta del molino. Era el último tramo antes de que las aguas desembocaran en el Turia. Allí decidieron matar al perro.







