El habitante dependiente no inaugura negocios ni protagoniza campañas de repoblación. Necesita cuidados, a veces muchos, y también forma parte del territorio que decimos querer conservar. Una cosa es poder vivir en un pueblo y otra poder envejecer en él. Un pueblo no está verdaderamente vivo solo porque consiga retener habitantes. También debe ser capaz de sostenerlos cuando dejan de encajar en la épica de la despoblación.

