Pedro García Olivo nos deja en este eje un legado incómodo: pensar el cuerpo como terreno de combate. No como un concepto, sino como una vivencia cargada de consecuencias. En tiempos donde todo parece ceder al mercado de los cuidados, su texto grita otra cosa: “No queremos ser cuidados, queremos dejar de estar vigilados”. Leer a García Olivo no es una invitación al acuerdo. Es un salto sin red. Y a veces, también, una forma de reconocerse en la caída.

