Poema de otoño, por Pedro G. Olivo
Sabiéndome una mezcla de odio dirigido y de amor diseminado,
adoro los pétalos que se van.
Sabiéndome boda del Cielo y del Infierno,
mi corazón sonríe
ante la planta en menoscabo,
ante el charco que se seca;
sonríe bajo la gotera que amenaza
con derruir la casa,
sonríe frente al árbol desnudado por el clima;
sonríe al verme padecer la escarcha
que hiela mis pies
y el frío que me deja sin manos.
Es otoño:
fin de las frivolidades estivales
concedidas a todos los presidiarios
con licencia;
hora del regreso a las cadenas
del empleo o del deseo de ser empleado,
de la vuelta resignada
a la vida mortecina general.
El otoño, tan duro, tan agrio,
es, así lo siento, el mejor amigo
de la franqueza.
Alto Juliana, Aldea Sesga, Rincón de Ademuz, Valencia


Nostalgia del otoño ya, desde el invierno inminente e inapelable.
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¡Voto a bríos, viva el general Prim! ¡Arriba España!
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