La vida que empieza cuando ya es tarde

La vida que empieza cuando ya es tarde

Lo más inquietante no es que algunas vidas fracasen. Es que muchas no fracasan nunca. Funcionan. Avanzan. Son ejemplares. Hasta que un día —como le ocurre a Iván Ilich— el mecanismo se detiene y revela la verdad intolerable: que se puede haber vivido correctamente y, aun así, no haber vivido. Quizá el verdadero fracaso no consista en caer, sino en descubrir —cuando ya no hay tiempo— que nadie estaba esperando nada.

Las barracas de piedra: arquitectura del silencio y la memoria

barraca grande, Casas Bajas

Silenciosas, austeras, firmes. Pero, sobre todo, pétreas, en sentido literal. La sobriedad de las barracas de piedra no engaña: cada muro habla de historia, memoria y resistencia calladas. Tocarlas, recorrer sus formas rugosas con las manos —ásperas al tacto, escalonadas a la vista— es sumergirse en lo que Unamuno llamó la intrahistoria: esa corriente subterránea, … Sigue leyendo Las barracas de piedra: arquitectura del silencio y la memoria

De la traición y el desencanto: anatomía moral de una democracia cansada

José Luis Ábalos ha dormido en prisión. El hecho es tan impactante como revelador. No porque fuera impensable (hace tiempo que el límite de lo impensable se ha vuelto borroso), sino por lo que expone: que ya ni el blindaje del partido, ni la inercia del poder, ni la astucia mediática bastan para encubrirlo todo. … Sigue leyendo De la traición y el desencanto: anatomía moral de una democracia cansada

El consuelo de una mentira: Sobre “San Manuel Bueno, mártir” y el silencio de Dios

El consuelo de una mentira: Sobre “San Manuel Bueno, mártir” y el silencio de Dios 20 Nov 2025/Blas Valentín Moreno / Mientras el río fluye, Miguel de Unamuno

En un tiempo donde muchos sienten que la fe se ha vaciado y que la religión se ha vuelto espectáculo —más forma que fondo, más escenografía que búsqueda—, San Manuel Bueno, mártir devuelve la pregunta al corazón: ¿Dónde está la herida real, si todo parece decorado y nada sangra? ¿Y si lo que creíamos que era certeza era en realidad un consuelo? ¿Y si sostener a otros fuera más importante que sostenerse uno mismo? Unamuno no responde. Solo escribe. Pero su silencio sigue siendo, casi un siglo después, el más honesto de los gritos.