El alquiler no es un problema: es una rendición

El alquiler es un problema estructural; la okupación, en la mayoría de los casos, un problema sobredimensionado. Pero hay algo aún más inquietante: la gente lo acepta. Se indigna en abstracto, en el bar o en el sofá, pero en cuanto aparece un anuncio, actúa. Envía mensajes en segundos, acepta condiciones que hace unos años habría rechazado, compite con desconocidos sin siquiera saber contra cuántos. No protesta: corre. Y no porque quiera, sino porque quedarse fuera no es una opción. No hay mucho margen de decisión cuando la alternativa es no tener dónde vivir.

La medida de las palabras

Imagen de Baltasar Gracián

Con el tiempo uno descubre que muchas discusiones se apagan solas cuando dejan de alimentarse. Lo que parecía urgente pierde importancia al cabo de unos días, y aquello que realmente importa rara vez necesita ser dicho deprisa. En medio del ruido, esa espera empieza a parecer extraña. Porque cada vez quedan menos lugares donde el silencio no sea sospechoso.

Contraataque

Ramón J. Sender retrato años 80

Contraataque sobrevive porque fija ese momento anterior, cuando todavía nada estaba ordenado y todo debía hacerse sin distancia. Mantiene la incertidumbre de quienes tuvieron que vivirlo desde dentro. Con el tiempo, las guerras acaban convertidas en relatos. Contraataque no aclara la guerra. Conserva la confusión de quienes tuvieron que vivirla. Y por eso sigue siendo necesario.

Mientras tanto

De tanto esperar el sol, se te olvidó disfrutar de la lluvia.

La mayor parte de la vida no ocurre cuando creemos que ocurre. Ocurre mientras esperamos. En la cola del supermercado, en una sala de espera, detenidos en un atasco o mirando el reloj en una reunión que parece no terminar nunca. Durante años pensamos que ese tiempo no cuenta, que la vida empezará después. Y sin embargo es ahí donde se va quedando, como tiempo que no volverá.