Paso por la Graja de Campalbo y siempre vuelve la misma noche: la de San Antón, en Casas Bajas.
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“En tanto que de rosa y azucena” – Garcilaso de la Vega
Este poema del siglo XVI describe a una joven muy bella. Pero el poeta le recuerda algo inevitable: el tiempo pasará, la juventud desaparecerá y la belleza se marchitará. Por eso le dice que aproveche su primavera antes de que llegue el invierno.
La comodidad de indignarse
Nunca ha sido tan fácil indignarse. Y quizá nunca ha sido tan inútil.
La medida de las palabras
Con el tiempo uno descubre que muchas discusiones se apagan solas cuando dejan de alimentarse. Lo que parecía urgente pierde importancia al cabo de unos días, y aquello que realmente importa rara vez necesita ser dicho deprisa. En medio del ruido, esa espera empieza a parecer extraña. Porque cada vez quedan menos lugares donde el silencio no sea sospechoso.
Contraataque
Contraataque sobrevive porque fija ese momento anterior, cuando todavía nada estaba ordenado y todo debía hacerse sin distancia. Mantiene la incertidumbre de quienes tuvieron que vivirlo desde dentro. Con el tiempo, las guerras acaban convertidas en relatos. Contraataque no aclara la guerra. Conserva la confusión de quienes tuvieron que vivirla. Y por eso sigue siendo necesario.
El día en que dejemos de creer
En los últimos días he visto tantos vídeos e imágenes generados por inteligencia artificial que la pregunta ya no es si son falsos, sino si alguno sigue siendo real. El problema no es el engaño —eso no es nuevo—. Empieza a resquebrajarse algo más elemental: la confianza desde la que miramos. Cuando cualquier imagen, cualquier … Sigue leyendo El día en que dejemos de creer
Mientras tanto
La mayor parte de la vida no ocurre cuando creemos que ocurre. Ocurre mientras esperamos. En la cola del supermercado, en una sala de espera, detenidos en un atasco o mirando el reloj en una reunión que parece no terminar nunca. Durante años pensamos que ese tiempo no cuenta, que la vida empezará después. Y sin embargo es ahí donde se va quedando, como tiempo que no volverá.
Doce kilómetros
Muchos de los guardias civiles destinados a aquellos montes venían de la misma pobreza que los hombres a los que perseguían. No hacía las historias más justas, pero sí menos limpias. Aun así, en aquellos montes el miedo no había sido igual para todos, y eso también lo sabíamos. Algunos tuvieron que esconderse; otros no.
La mentira tiene las patas largas
Mi abuela de Casas Bajas decía que la vida era una mentira. Tardé muchos años en entender que no hablaba de engaño, sino de estructura: de la forma que adopta el mundo cuando necesita seguir funcionando. Durante años creí que la verdad terminaría imponiéndose. Aunque no fuera por justicia, pensaba que lo haría por desgaste. Hoy ya no lo creo. He visto cómo una mentira bien situada no solo sobrevive: asciende y se institucionaliza.
La prisa por opinar
La conversación pública se ha acelerado hasta el punto de confundir rapidez con razón y posición con pensamiento. Hace siglos, Baltasar Gracián ya advirtió algo parecido. Aconsejaba hablar “como en testamento”, porque la palabra, una vez dicha, ya no vuelve. No era una recomendación moral, sino una observación práctica: cuando la palabra se precipita, el pensamiento queda detrás.










