En el habla de los pueblos, antes de llamarse lavanda se llamó espliego. Y no era una postal: era madrugada, corbella, macho cargado, caldera, arrobas y cuatro perras. “Cuando el espliego se llamaba espliego”.
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El uniforme y la culpa
Ningún poder duradero se presenta mucho tiempo con ropa vieja: aprende pronto las palabras nuevas, las causas nuevas, las cortesías nuevas, incluso las rebeldías nuevas, si con ello conserva la influencia, la herencia y el sitio en las instituciones, las empresas o los consejos donde se reparte lo importante. La culpa, en cambio, suele quedarse pegada a los símbolos más fáciles. Y el uniforme es uno de ellos.
En los entierros
En un entierro, muchos esperan algo más que consuelo. Esperan que alguien diga, sin mentir, que esa vida no queda reducida a una fecha, a una caja, a unas flores. Que hay una morada para lo que el mundo ya no puede guardar. Que la vida no ha sido en vano.
Manual para no vivir
Antonio Gala temía un mundo de relaciones fáciles y aburridas. Estamos entrando en él. Sobran palabras y faltan voces. Sobran fórmulas y empieza a entregarse incluso el temblor de comunicarnos. Una vida sin temblor, sin error y sin voz propia puede resultar muy correcta. A menudo funciona mejor. Pero también puede quedarse vacía, obediente, guiada por instrucciones que ayudan a pasar el tiempo. No a vivirlo.
Los obligaron a mirar
Contaba que dos presos intentaron escapar. Fueron capturados. Al alba, antes de que terminara de clarear, los presos fueron formados y obligados a presenciar la ejecución. No se trataba solo de matar a dos hombres. Se trataba de que todos aprendieran a mirar. O, mejor dicho, de que aprendieran que ni siquiera mirar les pertenecía del todo.
El animal vestido
En Mortal y rosa, Umbral dejó escrita una frase que parece dicha de paso y, sin embargo, no se me va de la cabeza: “La religión quiere darnos un alma y la cultura quiere darnos un traje”.
La escuela se redacta a sí misma
Se habla de competencias, desempeños, situaciones de aprendizaje, indicadores, rúbricas, perfiles de salida, descriptores operativos y funciones ejecutivas como si nombrar mucho equivaliera a enseñar mejor. El papel aprende vocabulario nuevo. El aula, por suerte, no siempre le obedece.
El cuerpo lo tiene a uno
Uno cree durante años que tiene un cuerpo. Luego descubre que el cuerpo lo tiene a uno.
La vergüenza perdida: corrupción, política y responsabilidad democrática
Una democracia no se degrada solo cuando aparece la corrupción. Se degrada cuando la corrupción deja de producir vergüenza.
La Ademuz de la autovía
Hay lugares que figuran en los carteles, pero no en los planes. El Rincón no perdió una batalla grandiosa. Perdió algo más discreto y más antiguo: la posibilidad de figurar. Desde entonces pienso que algunos lugares viven una doble vida: una en la carretera y otra en la tierra. La Ademuz de la autovía era una dirección. La del Rincón era otra cosa: una comarca apartada, una escala distinta, un lugar difícil de llevar a los planes. No fue una gran derrota, pero tampoco fue nada.










